22 octubre, 2017

Historia de las tradicionales Guacamayas

Don Paco Ornelas taxista leonés de la tercera edad, nos cuenta cómo es que nacieron las guacamayas.

Comenta que allá por el año de 1952 o quizá, 1953, él era un jovencito que se juntaba con sus amigos para “echarle” (simplificación del término “echar o tomar vino”). Se reunían por las tardes en la esquina de las calles Centenario y Luis Bravo, allí por donde se dividen el barrio de San Juan de Dios y San Miguel, donde vendía chicharrón un viejecito al que todos en León conocían como “Don Deme”, cuyo nombre era Demetrio Nájera.

Este hombre tenía la tradición de freír duros, que en realidad no son chicharrones, aunque también son de cerdo y están fritos en manteca. La diferencia es que el duro no tiene carnosidad, ni pellejitos, ni gorditos, es el puro duro.

Pues bien, don Deme vendía duritos con una salsa bien picosa, así no’mas, una salsa de jitomate y cebolla picados, a la que le agregaba agua y chile de árbol molido. También a veces le molía de esos chilitos “cola de rata”, ay en verdad que picaba y sentías que se te hinchaba la lengua…recuerda don Paco, quien continúa con su relato: Allá íbamos Jorge “El Perico”, Alberto “La Quintonilla” y Juan.

Llevábamos tequila y refrescos y no se a quien un día se le ocurrió comprar bolillos en el tendejón de cerca para aminorar un poco lo picoso de la salsa. Echar vino se convirtió en todo un ritual pues le dábamos la mordida al durito y luego le comíamos un poco al bolillo. Como cuando el das el trago al tequila y luego te enjuagas con refresco. Dicen que el que sí era cuchicapejo, alcabroto y redonpedro, era mi padrino don Chucho, pues le daba el trago al tequila y luego se enjuagaba con un buen buche de cerveza y, volviendo al relato, dijo don Paco: sin darso cuenta empezamos a pedir el durito con salsa dentro del bolillo. Y ya no’más le decíamos a don Deme…”deme uno don Deme”.

Mi amigo Juan era re’bueno pa’tragar chile. Nunca estaba conforme con lo picoso y siempre quería más. Incluso se comía a mordidas las “colitas de rata”, un chile picosísimo, con el asombro de todos y el disgusto de don Deme, por que decía; me salen más caros los chiles que este re…donpedro se come que las guacamayas que me paga. Juan mientras más “tragaba chile” más duro le echaba al tequila y entonces le daba por hablar como loco.

Un día que me hartó de tanta tontejada que estaba diciendo, y enchilado igual que él que hasta me zumbaron los oídos, sin pensarlo le grité: ¡YA CÁLLATE REDONPEDRO, PARECES GUACAMAYA! De ahí en adelante comenzamos a decir entre nosotros; nos vemos en las guacamayas, y como íbamos invitando a distintos cuates, de allí se fue propagando el nombre… y como nos veían haciendo tortas de duro con nuestros bolillos, pos’ la gente empezó a pedirle al durero “deme una guacamaya don Deme”

Ahora, comenta don Paco, ya casi nunca como guacamayas; me hartaron. Además como que ya no son como antes, ya no hay ni qué ponerles; dicen que en Guanajuato, hasta huevo cocido le ponen, y eso, quién sabe que será pero ya no son guacamayas. Las verdaderas, las auténticas sólo llevan bolillo, durito de puerco, salsa, un chorrito de limón, nada más… ahora, para que esté completa la tradición, pues échese usted un buche de tequila.

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